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Antes de los 90 minutos

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Aficionados al final del partido saludando a las jugadoras que se han acercado a saludarlos
Foto: Marijose León

A medida que se acerca la hora del partido, la explanada del estadio luce un poco vacía. Los coches comienzan a llegar, después de pagar una cuota "voluntaria" de $50, a quienes abren y cierran las rejas, pueden avanzar para ocupar un lugar en el estacionamiento. En el ambiente se percibe una trompeta constante, gritos de alguien intentando vender a quienes pasan caminando, así como un olor impregnante de comida. Es la típica cemita poblana, así como la presencia de algunos vendedores ambulantes de comida y de artículos de fútbol, quienes delatan que esa no es una tarde cualquiera, sino, una de partido, y ese lugar ahora apagado está a punto de llenarse de color, gritos y pasión.

Hay poco movimiento, pero es cuestión de minutos para que, poco a poco, las playeras de futbol se vayan haciendo presentes. Son niños y niñas, mujeres y hombres vestidos con la camiseta blanquiazul bien puesta. Son las y los aficionados de las Enfranjadas, llegan solos, en parejas, acompañados por amigos o en familia, todos con las mismas expectativas, listos para el encuentro que se viene. Personas de cualquier grupo de edad, origen, con distintas vidas, contextos y motivaciones. A todos ellos los une una cosa, su amor por el equipo y las ganas de disfrutar una tarde de futbol para ver el triunfo del Puebla en esta temporada.​

Puestos ambulantes afuera del estadio vendiendo articulos deportivos de los equipos de la  Liga Mx Femenil y la Liga MX
Fotos: Marijose León 

A pesar de que los boletos pueden comprarse en línea, aún hay quienes mantienen la tradición de acudir a la taquilla del estadio a la vuelta de la puerta 4. Comprar un boleto para un partido como local va de los $50 a los $75, un precio accesible si se compara con otros equipos. Del otro lado de la ventanilla se forma una pequeña fila y uno a uno va pasando, hasta tener el boleto entre sus manos.

La variedad de dorsales no se hace esperar, cada una con su propia historia, cada una con un sentimiento propio. No puede faltar la clásica, inconfundible y tradicional blanca con una franja azul. Hay quienes portan el uniforme más reciente, otros visten con orgullo las de las temporadas pasadas, pero llenas de historia y de momentos que aún hacen recordar a aquellas primeras franjitas. También están unas pocas con el nombre de alguna jugadora del equipo, así como las más codiciadas, las camisetas autografiadas en una o más ocasiones.

 

Destacan las niñas y niños con playeras a la medida y otros que les ven enormes, pues seguramente alguien más las prestó, pero, a pesar de eso, no dejan de portarlas con orgullo. Tampoco pueden faltar quienes portan las del equipo masculino y quienes, aun sin una playera, apoyan a este equipo.

La afición en la previa del partido
Fotos y videos: Marijose León

De a poco las personas van ingresando a la platea oriente. Conforme la gente se va adentrando, se escucha a través de los altavoces del lugar como reproducen una playlist con la música de moda, la cual se va haciendo cada vez más fuerte y envolvente una vez dentro. Los vendedores cruzan de un lado a otro, suben y bajan con charolas llenas, ofreciendo “cemiiitaaas”, “papaaas, papaaas”, “nieves de limón” y “cerveeezaaas, refreeescos”. Los gritos son repetitivos e incrementan su intensidad conforme las butacas se van ocupando.

 

Los lugares en llenarse más rapido son los más cercanos a la cancha, los centrales y los asientos con mayor sombra. En esa zona oriente ambas aficiones deben convivir los 90 minutos. Como si de un partido de la selección mexicana se tratara, la unidad entre la afición se siente en las gradas. Tanto locales como visitantes se mezclan en el mismo espacio; a pesar de ser de diferentes equipos, no provoca que el ambiente se vuelva tenso en la mayoría de los encuentros, a excepción de equipos como Tigres, Pumas o Chivas, pues en esos encuentros, las gradas se llenan de porras de los adversarios y de respuestas de porras de quienes apoyan a las enfrentadas.

Antes del comienzo del calentamiento, cada grupo disfruta de esta previa a su manera. Suben y bajan, en especial las infancias, quienes se apropian del espacio; van de arriba a abajo, juegan en los pasillos, se cambian de lugar e interactúan con otras niñas y niños. Los demás asistentes, como adultos y familias, aprovechan el momento para tomarse fotografías, ya sea juntos o del estadio en sí; se compran una que otra botana, miran hacia su alrededor o simplemente se pierden en sus celulares.

La música cesa abruptamente; una instrumental de trompetas y silbatos comienza a hacerse escuchar. “Soy poblano, soy poblano…”. Es el himno del Puebla. Como una entrada de futbol americano, “El Fuerte” salta a la cancha con la bandera del Puebla. Desde el túnel las jugadoras le siguen y saltan a calentar a la cancha. Como si fuera un sonido de alarma, todos dejan de prestar atención a lo que hacen desde sus asientos. Todas las miradas están en la cancha en las protagonistas de aquella tarde.

Las jugadoras van hacia el extremo de la platea oriente y saludan con las manos a aquellos presentes que les lanzan gritos y aplausos tras su salida, para posteriormente concentrarse e iniciar con sus calentamientos.

Foto: Marijose León
Jugadoras del Puebla saliendo a la cancha a calentar, acompañadas por el Fuerte
Foto: Marijose León

Una vez que el himno del Puebla deja de escucharse, la música de moda como el reggaeton o el pop en inglés regresa. Las jugadoras vuelven al vestidor y, 10 minutos antes del partido, el poco ruido en el estadio permite escuchar por los altavoces del estadio la alineación. Las suplentes de ambos equipos toman su lugar dentro de la banca. El inicio está cerca.

Los altavoces del estadio dejan de reproducir la música y comienza a escucharse las notas del himno de la liga. Los equipos salen al campo de juego en dos filas de 11 jugadoras para realizar el protocolo habitual antes de cada partido. La fisión mira atenta, nerviosa y expectante por el encuentro que se viene, mientras los equipos terminan de ubicarse en sus respectivas posiciones. El reloj marca la hora; es el momento. Los gritos y aplausos se hacen presentes cuando el silbatazo inicial suena. “Vaaamooos, vaaamooos”.

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